Autora: Lucía Barragán, Oficial de Desarrollo Institucional, Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir (ILSB)  

En el zaguán había un letrero grande amarillo con negro -para mejor contraste-, que decía: “Prohibido entrar hombres”. Así de claro y así de necesario. Al lado: “Aquí, solo para mujeres” y arriba en azul, “Bienvenidas Mujeres del Mundo”. Ésta fue la entrada al Primer Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, organizado por mujeres zapatistas de Chiapas, México del 7 al 11 de marzo de este año.

Volví el sábado a la ciudad de México, luego de un viaje en donde nos reunimos cientos de mujeres. Algunas miles que somos no muchas, sino todo un caracol.[1] Un caracol de mujeres indígenas, blancas, negras, de pequeña estatura, de casi dos metros. Mujeres oprimidas, mujeres violentadas, mujeres solas, mujeres fuertes, mujeres risueñas, mujeres escondidas, mujeres en la sombra, mujeres acompañadas, mujeres con rabia. Mujeres con espíritu entusiasta, presente; de lucha, resistencia y coraje.

Una, Josefa, con el pequeño Lugubardo. Josefa hablaba en castilla entrecortado mientras Lugubardo tiraba una piedra al piso y jugaba con una ramita de madera. Ella me dijo que recién es zapatista, me habló de los trabajos duros que implica, y también el campo. Me dijo cómo su hijo enfermó y cuando lo llevó al médico, éste le dijo que no tenía nada. Seguía así y cuando volvió a llevarlo y murió, solo le dijeron que ya se lo podía llevar. -¿Llevarlo a dónde, si quiero irme con él?.

Recuerda que lloró y que su esposo se enojó con ella. Con Ella. Ahora, dos años después, me dijo que su corazón nuevamente está fuerte. Su voz y sus ojos lo decían tranquilamente. Sin embargo cuando la miré, sentí que sus lágrimas más bien habrían podido esconderse por ahí en algún lugar profundo y lejano. Un lugar que solo ella conoce.

También conocí a Daisy, una niña que juega basquetbol y que participa en un grupo con otras niñas, para conocer y defender sus derechos. Estaba allí presente, tímida y expectante en la cancha de basquetbol que pintada con letras de colores, nos daba la bienvenida a todas las mujeres del mundo. Sus compañeras, un poco más grandes, eran fuertes, rudas, veloces y entusiastas. Y estaban todas juntas jugando basquetbol, pero también participando de las comisiones que se organizaron para recibirnos. Estaban todas juntas con sus mantas y consignas potentes en las espaldas construyéndose para hacer un camino, un futuro diferente.

Y conocí a Rocío, Fabiola, Lotzi, Nidia, Ara, Mayi…. Alegres, fuertes, sorprendidas, agradecidas, aventureras, hambrientas del Ahora. Jóvenes y mayores. La danza, la pedagogía, la administración, la pareja, las cactáceas, el taxi, lo nuevo, el romance, la independencia y libertad. Ver a todas, identificarme en tantas cosas con unas y con otras. Alegrarme y reflexionar por sus historias… Allí están. Aquí están ahora conmigo.

Todo era fiesta, vendimia, la corre y corre para preparar la comida, las mantas, los arreglos finales para recibir a las muchas mujeres que estábamos reunidas en ese centro de la tierra que son el monte, el aire, el cielo, la madera, el humo, el día, el gallo. ¿Y qué hacíamos allí?
Vernos los ojos. Vernos las caras, vernos los cuerpos, vernos las palabras, vernos los bailes, el teatro, el esfuerzo, los esfuerzos… En el deporte, en hablar castilla o español, inglés o italiano [que no una lengua originaria]; en traer agua para la higiene de los baños, en mantener la calma luego de más de un día de viaje, en sacar la comida [que alcance para todas], en mantenerse paradas las horas que fueran necesarias bajo el sol para escuchar las palabras [que no las “mujeres del mundo”], en mantenerse alerta para los trabajos de las comisiones de salud, de deporte, de micrófono y audio y de todas las que hicieron para lograr este Encuentro.

Cucharas, platos, vasos y también uniceles. Lo mismo galletas mexicanas que pan Bimbo que pan hecho en casa, que tortillas, que pollos desmembrados para cocer, que sopa de col, que huevo revuelto, que tamales y té de limón. Todo eso nos veíamos. Nos veíamos a nosotras dar, a nosotras recibir. Cuánto recibimos. Cuánto nos dieron. ¿Cuánto se-nos dieron? ¿Cuánto nos-les-dimos? ¿Qué es cuánto? Qué es Cómo nos Compartimos/Convivimos. [Lo más difícil]. Cómo aprendimos juntas, cómo escuchamos las palabras, y recordamos a las mujeres caídas. Cómo Ellas a plena noche envueltas en palabras de fuerza y esperanza estaban con nosotras en velas que no se apagaban, que ondulaban como aguas ligeras juntadas con las estrellas del cielo. Allí todas, mirándolas. Allí, asombradas de sentirlas en la luz y en el aire que nos recorría. Por dentro. Ellas. 
Mujeres, muchas mujeres. Y unas, y únicas. Tenía razón la insurgenta Erika, que abrió el día, un día. Somos un monte, o lo que es lo mismo, un bosque que tiene esos árboles diferentes que las mujeres-indígenas-zapatistas conocen: cedro, caoba, bayalté… tantos otros. Pero somos iguales. Somos una y somos muchas.

 
Que los árboles sigan Viviendo. Que sigan hablando. Que sigan de pie. Que miren alto. Que no se "desmayen". Que las mujeres elijamos “luchar juntas, como diferentes que somos”. Aunque sea ésta misma, otra lucha, otro esfuerzo, otra chinga.[2]

 

Este artículo es parte integrante del proyecto "Fortalecimiento de los servicios públicos de salud reproductiva dirigidos a mujeres y jóvenes indígenas en determinados estados de México", implementado por el Instituto Simone de Beauvoir y financiado por la Fundación Sociedad Abierta. Este proyecto tiene como objetivo concientizar a los gobiernos locales sobre su responsabilidad en mejorar los servicios de salud sexual y reproductiva, monitoreando la prestación de servicios públicos prestados a mujeres y jóvenes indígenas a nível estatal.  

Link de la página del proyecto apoyado por la Fundación Sociedade Abiert: http://ilsb.org.mx/embarazoenadolescentes/


[1] El Encuentro se realizó en el Caracol de Morelia, zona de Tzotz Choj, Chiapas, México. Los caracoles zapatistas que son cinco, son regiones de comunidades organizadas de manera autónoma, creadas en 2003.

[2] Tr. coloq. Trabajo que requiere mucho esfuerzo.